"Para aquellos que se desaniman fácilmente. Pueden estar evolucionando favorablemente en la enfermedad, o en las cuestiones de la vida diaria, pero ante el menor retraso o impedimento para continuar adelante se llenan de duda y muy pronto se desaniman." - Dr Edward Bach. Los Doce Curadores y Otros remedios

domingo, 31 de mayo de 2009

El Rocío de la Mañana

Existe un líquido con color de té, ligeramente amarillo, que se recoge en cada primavera, en noches en las que la luna se mueve de creciente a plenilunio, y es uno de los productos más preciados con los que se trabaja en un laboratorio espagírico; el rocío de la mañana. Un elemento que no está a la venta en ningún almacén y que contiene, según Yabir, el "espíritu universal". El Viernes pasado dia 29 de Mayo, un grupo de seguidores suyos, tuvimos el inmenso honor de recibir un baño de rocío fresco con las palabras de este médico alquimista. Escucharle y cerrar los ojos era retroceder siglos y estar ante un maestro alquimista que abre, ante nosotros, los secretos mejor guardados de los seguidores de la Tabla Esmeralda. Oirle es como transitar por la medina de Fez, pues a medida que uno se introduce en ella es como llegar hasta la Edad Media, donde uno queda atrapado por el aroma y el sabor de la esencia misma de aquella época.
Abú Omar Yabir es un Maestro Alquimista que hace de su trabajo una experiencia mística y divina que le da sentido. Su humildad y pasión por su trabajo aquí, intentan recuperar y hacer progresar esta forma de medicina.
Gracias Maestro Yabir.

jueves, 28 de mayo de 2009

¡¡¡ENTRA!!!


Este blog empieza a tomar forma a raíz de la experiencia vivida en los montes de Málaga con los compañeros de otras provincias.
Algunos aún estamos intentando posar los pies en la tierra y escribir aquí ayuda a equilibrar.
La intención de esta entrada es revivir y mantener la esencia de lo allí vivido. Como dice Luis, que sepamos traer al cotidiano aquella vivencia del alma y podamos caminar con ella cada día aquí abajo.
El contacto del alma se produjo, y aunque los lazos sean invisibles para nuestra razón, siguen sintiéndose apenas que llevemos la conciencia un poquito más allá.
El caso es que tenemos muchas herramientas para mantener esos lazos vibrantes y vivos, para que nos resulte más fácil seguir experimentando la certeza de ser UNO, de ser un grupo.
Internet nos abre las puertas y nosotros usamos este medio para dar y recibir palabras, emociones, experiencias, conocimientos, vivencias, AMOR. Tenemos mucho que compartir, que aprender y que disfrutar juntos.
Este blog pretende ser punto de unión con todos los compañeros de los cursos de Terapia Floral, de todos los niveles y de todas las provincias.
Aún no hemos puesto las cortinas, y falta una mano de pintura. Pero poco a poco iremos decorando, trayendo flores, aromas, colores y mucha luz.
Puertas y ventanas están abiertas…pasad, acomodaos, y ¡charlemos!.

La aventura de atravesar "la noche oscura del alma"


En este mundo cambiante, en que todo fluye, todo deviene, las crisis son hitos que indican cambios radicales y puntos de inflexión en nuestro ser.

Un dato curioso: En el idioma chino, la palabra “crisis” (weiji), se compone de dos ideogramas:

Wēi que se traduce como “peligro”
Jī que se puede traducir como “oportunidad”
¿Muertes "inesperadas" o renacimientos ansiados de mi alma?

miércoles, 27 de mayo de 2009

El otoñado



Estoy completo de naturaleza,

en plena tarde de áurea madurez,

alto viento en lo verde traspasado.

Rico fruto recóndito, contengo

lo grande elemental en mí (la tierra,

el fuego, el agua, el aire), el infinito.


Chorreo luz: doro el lugar oscuro,

trasmito olor: la sombra huele a dios,

emano son: lo amplio es honda música,

filtro sabor: la mole bebe mi alma,

deleito el tacto de la soledad.


Soy tesoro supremo, desasido,

con densa redondez de limpio iris,

del seno de la acción. Y lo soy todo.

Lo todo que es el colmo de la nada,

el todo que se basta y que es servido

de lo que todavía es ambición.


Juan Ramón Jiménez

sábado, 23 de mayo de 2009

Estancamientos en el pasado


Dos monjes iban de peregrinación. Habían recorrido ya muchos kilómetros, evitando en la medida de lo posible el contacto con la gente, pues pertenecían a una orden monacal que les prohibía hablar con las mujeres o tocarlas. No tenían intención de ofender a nadie, de modo que procuraban transitar los caminos más apartados y se alimentaban de frutos silvestres.
Era la estación de las lluvias y mientras caminaban a lo largo de una extensa llanura albergaban la esperanza de que el río que tenían que cruzar no hubiese quedado infranqueable. Divisaron a lo lejos que el río se había desbordado; no obstante, albergaban la esperanza de que el barquero pudiera llevarles en su barca a la otra orilla. Pero cuando llegaron al punto donde tenían que cruzar no vieron señal alguna del barquero; la barca, al parecer, había sido arrastrada por la corriente y el barquero había optado por quedarse en casa.
Había allí, sin embargo, una mujer.
Vestía ropas elegantes y llevaba un paraguas. La mujer imploró a los monjes que la ayudaran a cruzar, pues tenía una misión urgente que cumplir y el río, aunque ancho y rápido, no era profundo.
El más joven se limitó a ignorar a la mujer y miró hacia otra parte. El mayor, sin embargo, no dijo nada pero cargó a la mujer sobre sus hombros y cruzó el río, depositándola completamente seca en la otra orilla.
Durante la hora siguiente, mientras proseguían su viaje a lo largo de espesos y enmarañados bosques, el monje más joven censuró al mayor, desdeñando sus acciones y acusándole de haber traicionado a la orden y sus votos. ¿Cómo se atrevió? ¿Cómo pudo? ¿En qué estaba pensando? ¿Quién le había dado derecho?
Finalmente, los monjes se adentraron en un claro y el monje de más edad se detuvo y miró fijamente a los ojos del más joven. Se produjo un largo silencio.
Por último, y en un tono suave, con una mirada clara y benévola, llena de compasión, el monje de más edad se limitó a decir: “Hermano, hace ya una hora que dejé en tierra a aquella mujer. Eres tú el que todavía sigue cargando con ella”.

martes, 19 de mayo de 2009

Los Montes. Luna de Mayo 2009

Teníamos una cita con la luna llena, como decir una cita con esa madre, maestra y protectora que desde el cielo de Mayo observaba serena cómo intentábamos sentirla.
Llevaba una mochila con algunas cosas de poca utilidad, decidí meter también el teléfono, el reloj y los pensamientos.
Mucho mejor ahora. Más liviana, más libre.
El cielo, en todos sus matices de color, nos protegía ofreciéndonos todo su muestrario de sensaciones. Se vistió con nubes que regalaron agua fresca, y en otro momento tuvimos un espectáculo de luces con el rugido del trueno de fondo. El viento acariciaba nuestros cabellos y recogía nuestro lastre. Y el sol en su majestuoso brillar nos acompañó dorando nuestra piel, alentando nuestros corazones.
Entre el suelo y el cielo, mi corazón regocijándose.
Saludé a las flores sin saber sus nombres, sonreí a los árboles mientras danzaban con los pájaros y mis pies sintieron el camino mientras mi alma me llevaba en volandas.
En todos ellos encontré la humildad y la serenidad de SER, simplemente SER.
Y cuando alcé los ojos llenos de lágrimas miré mis manos y allí sentí a mis hermanos de viaje*. Fuimos UN GRUPO, somos UNO.
Allí en los Montes con el mar a nuestros pies, invocamos a la Alegría, en un canto que llegó más allá de las estrellas. A la Luna Llena se le fue la mano y nos hizo vibrar, nos hizo sentir más vivos, auténticos y libres. Alli fui lo más parecido a lo que siempre soñé ser y nunca antes fui.

*Todos los compis de Sevilla, Cabra, Almería y Málaga.