"Para aquellos que se desaniman fácilmente. Pueden estar evolucionando favorablemente en la enfermedad, o en las cuestiones de la vida diaria, pero ante el menor retraso o impedimento para continuar adelante se llenan de duda y muy pronto se desaniman." - Dr Edward Bach. Los Doce Curadores y Otros remedios

miércoles, 10 de octubre de 2012

IBN ABDUN


 “No deben venderse a judíos ni cristianos libros de ciencia, salvo los que traten de su ley, porque luego traducen los libros científicos y se los atribuyen a los suyos y a sus obispos, siendo así que se trata de obras musulmanas.”

Éste es el testimonio que da Ibn Abdun en su descripción de la Sevilla de comienzos del siglo XII.  Para Américo Castro, la admonición contra la venta de libros indica que “la traducción de los libros científicos no se limitaba a la llamada ‘Escuela de Traductores de Toledo’ .

Es decir, a principios del siglo XII los libros musulmanes se vendían a los cristianos de Sevilla, quienes los plagiaban, haciendo de ellos obras de ciencia cristiana. El conocimiento hermetico era codiciado. 
 
Medicos Andalusies en un banquete

Como consecuencia,  los protocientíficos cristianos temían tanto las reacciones de los obispos que parece que a veces presentaban obras científicas suyas  como si fuesen traducciones del árabe. El racionalista Adelardus de Bada dice sobre esto en el siglo XII: “Ya sé cuántos son los infortunios que siguen a los que profesan la verdad. Así que es con el nombre de los árabes que argumento, no con el mío.” 

Concluida la conquista de Granada en 1492, fue tarea del Cardinal Cisneros imponer la fe cristiana en dicha población. Parte de la supresión del Islam consistía en mandar quemar libros. Nos lo cuenta el cronista Vallejo: 

“Y para desarraygarles del todo de la sobredicha su perversa y mala seta, les mandó á los dichos alfaquís tomar todos sus alchoranes y todos los otros libros particulares, quantos se pudieron aver, los quales fueron más de IIII ó V mill volúmines, entre grandes y pequeños, é hazer muy grandes fuegos é quemarlos todos.”

O sea, 4 ó 5 mil libros quemados. Casi nada. Hubieron voces en contra, no para salvaguardar algún que otro saber musulmán sino para “aprovecharse de los pergaminos y papel y enquadernaciones”.

El franciscano Cisneros, sin embargo, quería salvaguardar alguna cosa de las llamas. Sigue el cronista:

“...se quemaron todos, sin quedar memoria, como dicho es, exçepto los libros de mediçina [...] de los quales su señoría mandó traher bien XXX ó XL volúmines de libros, y están oy en día puestos en la librería de su insigne collegio é vniuersidad de Alcalá...”

Aún cuando las creencias no se traducen, la técnica útil—en primer lugar la medicina—sí que salta de las llamas y pasa a la cultura más potente.

Esto es un hecho y estos textos se estan recuperando, pero la labor es ardua y la Escuela Andalusi, al igual que la Escuela de Traductores de Cordoba o de Toledo estan rescatando ese Tesoro.

Referencias:
— Ibn Abdun, Sevilla a comienzos del siglo XII, trad. E. Lévi-Proveçal y E. García Gómez. Madrid: Moneda y crédito, 1948, pág. 173.
— Américo Castro, La realidad histórica de España. Novena edición, 1987. México: Porrúa, 1987, pág. 51n.